domingo, 3 de febrero de 2013

Robinson Crusoe, lo que piensa el Club de Lectura

LO QUE DICE EL CLUB DE LECTURA

Como es costumbre, publicamos un resumen de la interpretación de la novela tras el debate celebrado el pasado martes. Estamos de acuerdo en que por un lado hablaremos de la novela como relato o narración, y por otro, de las ideas contenidas en el libro, que son muchas y muy interesantes.

Un best-seller dieciochesco

¿Fue Robinson Crusoe uno de los best-sellers de su momento?
Como relato, Robinson Crusoe es una novela bastante mediocre, en la que un narrador en  primera persona cuenta las aventuras de un Robinson joven y alocado, que acaba naufragando en una isla desierta. Tras las numerosas  y conocidas peripecias que llevan a nuestro protagonista a luchar enérgicamente por su supervivencia, finalmente consigue salir de la isla y regresar a Inglaterra, donde recupera sus bienes y fortuna y emprende otros viajes. 

Este libro alcanzó gran éxito en su tiempo y proporcionó al autor la fama y la gloria de haber creado uno de los mitos literarios más consolidados  e imperecederos de la Historia de la Literatura: la isla como metáfora de la soledad, que potencia la necesidad de reflexión y transformación. 

El narrador cuenta la historia desde su memoria, una vez pasados y concluidos los hechos, por lo que lo hace desde la omnisciencia que da el haberlos vivido y experimentado. Dicho conocimiento se manifiesta en la numerosas anticipaciones y prospecciones temporales que salpican el relato, aunque las discronías que se observan en las alusiones al tiempo de la historia (unas 30 aproximadamente) evidencian la falta de cohesión en una obra propia de un principiante o un autor novel. Lo mismo sucede con ciertas secuencias en las que lo fantástico roza lo inverosímil, como las aventuras de la lucha contra el oso y los lobos, durante su viaje de vuelta desde Lisboa a Inglaterra, cruzando España y Francia.

Sabemos que la historia se inspira en un hecho real -muy  conocido y difundido en la época de Daniel Defoe- como fue el naufragio del marinero Alexander Selkirk, que sobrevivió en soledad durante cuatro años en la isla Juan Fernández, frente a la costa chilena. Y si consideramos que la calidad literaria de Robinson Crusoe como novela es dudosa, quizá se deba a que, posiblemente, lo prioritario para el autor   haya sido destacar un conjunto de conceptos morales y religiosos que conectan el relato con las inquietudes e intereses de su época.

Psicología y religión

Como lectores de esta novela y con la distancia que dan los siglos que nos separan desde su publicación, percibimos un más que considerable análisis del ser humano y sus emociones. En este sentido, se podría considerar que la evolución interior de Robinson responde a algunas  tendencias de las modernas ciencias del comportamiento. Se observa así en el personaje la necesidad de sobrevivir a las circunstancias más adversas mediante la valoración positiva de lo que tiene,  desestimando la queja por lo que no posee. Esta estrategia le sirve cuando hace la estimación de su situación con la lista comparativa entre lo positivo y negativo de su vida en la isla, técnica por cierto de gran actualidad y estimación en los métodos empleados por los psicólogos. Y esta actitud -reiterada en numerosos momentos de la historia- le lleva a enfrentarse a las peores experiencias y a su consecuente superación, con la confianza que da la creencia de que el ser humano es capaz de sobreponerse y vencer cualquier adversidad con ingenio, esfuerzo y paciencia, como afirma nuestro único y solitario protagonista.

Pero las respuesta psicológicas que el libro documenta están impregnadas del sentimiento y de la educación religiosa del autor de la novela, que se filtran en el relato y en el pérfil del personaje. Las ideas religiosas -emanadas en su casi totalidad del prebisterianismo protestante al que se adscriben Daniel Defoe y su criatura literaria- penetran y condicionan los más importantes momentos de la experiencia de Robinson. Veamos los núcleos fundamentales de su forma de pensar y concebir  su vida particular y la del hombre en general:

  • La culpa por la desobediencia paterna, el arrepentimiento, y la aceptación del castigo, como  expresión del destino dictado por la Providencia divina.
  • El consuelo basado en la aceptación de tal destino y en el reconocimiento del pecado inicial.
  • La consideración de un Dios liberador del pecado y de la aflicción, por lo que deberá ser glorificado (sobre todo los domingos, como mandaban los ritos presbiterianos)
  • La importancia de la Biblia como libro que rige las vidas de los hombres.
En resumen, podríamos afirmar que Robinson Crusoe sintetiza los principios de la sección presbiteriana del calvinismo anglicano, que se oponía al episcopalismo ortodoxo defendido por Isabel I, Jacobo I y Carlos I, y al que se opuso con ímpetu y ahínco, Cromwell, cuyas decisivas medidas  restaron poder a la Iglesia y a la monarquía. La defensa de la libertad de conciencia  y de un ritual austero, reflejo de la sobriedad de la vida, se manifiestan también en la novela como vimos en la tertulia pasada.

El toque ilustrado

Nos llamó la atención el "elogio de lo intermedio o lo mediano" que expresa las recomendaciones del padre de Robinson. El club lo interpreta como una defensa de lo que será la clase media, soporte de la futura burguesía:
"...en medio de los dos extremos, entre los pequeños y los grandes; que los hombres prudentes atestiguaban que allí se hallaba el grado justo de la auténtica felicidad cuando rezaban pidiendo no ser nunca pobres ni ricos " (Robinson Crusoe)
 Esta idea, procedente de  la Ilustración, se completa con otras que enumeramos a continuación:

  •   Afirmación del individuo como responsable de su aprendizaje, el cual emana de la experiencia, y cuyo ingenio se consolida con el esfuerzo y la constancia.
  • El derecho del hombre a ser feliz en un mundo casi perfecto y paradisíaco donde el bien gobierne.
  • Creencia en la bondad natural del hombre (el buen salvaje), incrementada con la educación y los preceptos religiosos.
  • Relativismo en los juicios sobre otras  culturas y sus costumbres (canibalismo de los salvajes)
  • Creencia y defensa de la igualdad de  los hombres.


En suma, un compendio de valores ilustrados que anuncian los cambios económicos, sociales y morales sobre los que se asentará el mundo moderno. Una visión optimista de la humanidad, basada en la confianza en la razón y en la ciencia;Una ética hedonista, que consolida el derecho al placer natural, y una moral fundamentada en la bondad del ser humano.

Y más cosas...

Hay todo un universo de ideas en Robinson Crusoe. Imposible detenernos en todas, aunque nos llamó la atención lo siguiente: el viaje se considera peligroso pero necesario para que Robinson reflexione y alcance una madurez que no tenía, que se transforme en otro ser distinto del que llegó a la isla. La isla, por cierto, es al mismo tiempo prisión y hogar, que el hombre hace a su medida, y al que volverá siempre, como hace nuestro protagonista. Una idea que ha alimentado la imaginación y ha estimulado la creatividad de los escritores y pensadores que siguieron a Daniel Defoe. 

Un relato ingenuo, con más ideas que aventuras. No es un libro de viajes, sino un libro en el que el viaje es un símbolo, raíz del mito. La crítica coincide en considerar esta novela, como dice Manuel  Vázquez Montalbán:

"...una metáfora y una parábola moral e ideológica sobre el individuo abandonado en la naturaleza, sin otro aval, ni otra sanción real que su vínculo con la Providencia. En la parábola se refleja el mundo de la burguesía a través de uno de los más tenaces propagandistas de su consciencia ascendente: Daniel Defoe. [...]  Defoe creía haber escrito una alegoría puritana [...] pero es ya un utilitarista.
Robinson y el capitalismo salvaje, Dicciembre, 1997.


Lo que queda por decir lo dejamos al arbitrio del lector, como comentar el humor de algunas descripciones, el valor del dinero, el pragmatismo del personaje, o la valoración de esa Segunda Parte de Robinson Crusoe, que una de las tertulianas conoce y cuya opinión sería interesante conocer. GB.

 





1 comentario:

Anónimo dijo...

La universalidad de esta novela y de su protagonista, así como el valor simbólico de la isla como espacio interior de transformación y cambio, se me ha hecho evidente en un ensayo que acabo de leer. Se trata de "Héroes alfabéticos", obra del profesor universitario valenciano Justo Serna. Allí se considera que Nueva York y Manhatan sería la isla donde Muñoz Molina encontró su esencia narrativa. Interesante y sugerente obra donde se comentan otros mitos literarios.