sábado, 31 de marzo de 2012

EL GRAN RELOJ



Como todos los meses nos reunimos el pasado martes, 27 e marzo, para valorar y comentar los interesantes aspectos temáticos y formales de la novela El gran reloj de Kenneth Fearing, escritor y periodista americano que publicó esta novela en la década de los años 40 del pasado siglo.

El gran reloj nos remite a ese familiar y viejo concepto del hombre como mera pieza de una compleja e implacable maquinaria que gira y gira mientras marca los tiempos de  las alegrías e infortunios, que nos conducen a  un destino  inevitable.
Bajo la apariencia de novela negra se relata la historia de un crimen innecesario y absurdo, con la consiguiente investigación detectivesca  e ineludible persecución del asesino. Una singularidad de esta novela es que está narrada por algunos de los personajes que participan en la trama, protagonista incluido, por lo que la perspectiva sobre el conflicto cambia constantemente, a la par que enriquece y amplía el punto de vista de los lectores. De este modo, la visión del conjunto resulta más rica y matizada. Como vemos, cada vez es más frecuente el uso de un narrador múltiple en las  obras que leemos y comentamos, lo que eleva el nivel de los miembros del club, cada vez más finos en sus apreciaciones.
Pero la mayor originalidad se encuentra en el hecho bastante poco común, de que el detective al que encargan la investigación es al mismo tiempo el sospechoso del delito. Esto es posible porque el protagonista, George Stroud,  trabaja en una publicación especializada en periodismo de investigación de desmanes económicos y políticos, cuya divulgación reporta a la empresa corporativa grandes beneficios. Debido a un traspiés amoroso cuyos detalles no desvelaremos, el pobre George se ve envuelto en una red de intrigantes acontecimientos que le conducen al mencionado papel de cazador y presa. Pues el justiciero mecanismo universal, esa arbitraria diosa Fortuna de los clásicos, ubica a nuestro personaje en situaciones harto complejas y peligrosas para su seguridad y su estatus social, que quizá no le condenen por el crimen no cometido, pero sí le hacen pagar por otros delitos.
Con un desarrollo argumental que mantiene el interés en todo momento, este relato alimenta una tensión narrativa ascendente que culmina en un climax tan sorprendente como interesante.  Estructurada  con una simetría de temas simbólicos que trascienden el mero relato policíaco, esta gran novela de los años 40 adquiere validez universal por todo lo que trata y sugiere:
Es una invitación a reflexionar sobre el tiempo, el azar y la inevitable fatalidad. Un análisis del capitalismo salvaje que rige los intereses de las grandes corporaciones, que también son maquinarias que no se desvían de los  porcentajes y los beneficios. Una lección sobre el poder y su cinismo manipulador así como su utilitarismo moral.
Pero lo más sugerente es lo que apunta a un juego de espejos en que se contrastan dos realidades: lo real y lo virtual, lo verdadero y lo falso, la certeza y la duda, la vida y la ficción. El perspectivismo impregna todos los aspectos de esta novela que nos ha divertido, entretenido y ha suscitado uno de los debates más vivos y vibrantes de nuestro Club de lectura. Nos ha encantado lo del investigador investigado, lo de la Justicia Natural, y lo de que al final mande la economía. Una  obra que se lee muy bien y cuyos mensajes valen para el día de hoy tanto como antaño, pues, como todas las buenas novelas, su validez es intemporal. GB