jueves, 25 de marzo de 2010

RAYMOND CHANDLER


Artículo Publicado en la revista Ñ el 25 de marzo del año pasado:


El jueves 26 de marzo se cumplen 50 años de la muerte de Raymond Chandler, autor legendario de la novela negra estadounidense, cuya influencia se extendió al campo cinematográfico gracias al detective privado Philip Marlowe, interpretado, entre otros, por Humphrey Bogart o Robert Mitchum.


Si la literatura ha dado inolvidables personajes de ese estilo, Philip Marlowe se encuentra en el olimpo de los más recordados, junto al Sam Spade de Dashiell Hammett, el Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan-Doyle y el Hércules Poirot de Agatha Christie.


Marlowe, uno de los primeros grandes antihéroes de EE.UU., resulta irónico, cínico y bruto a la par que encantador, todo un arquetipo de la masculinidad. "Hizo que la corrupción y el vicio fueran extremadamente atractivos", sostiene el periódico Los Angeles Times.

Chandler tenía 51 años cuando publicó su primera novela, El sueño eterno, en 1939. En esta historia introducía a Philip Marlowe, un maduro detective privado de 38 años, hombre de honor y caballero moderno, con una cierta educación. En esta historia, Marlowe se mueve por el lado oscuro de Los Angeles en los años 30 y ayuda a salvar de un infarto a un millonario rescatando a su hija de una posible trama de chantaje.


Después llegarían otras dentro del género del policial negro como Adiós muñeca(1940), La ventana siniestra (1942), La dama del lago (1943), La hermana pequeña (1949), El largo adiós (1954), Playback (1958) y la inconclusa Poodle Springs (1959), que fue rematada por su admirador Robert B. Parker. Todas ellas con Marlowe como protagonista y como extensión sobre el papel de su propio autor.


La primera adaptación al cine de El sueño eterno fue el clásico del cine negro dirigido por Howard Hawks en 1946, con Bogart en la piel del detective y Lauren Bacall como la perfecta "femme fatale". Años después, en 1978, fue Robert Mitchum quien tomó el relevo de Bogart en una nueva versión realizada por Michael Winner. El actor estadounidense repetía por entonces ese personaje, ya que en 1975 protagonizó Farewell, My Lovely, de Dick Richards.


A Marlowe también lo encarnaron otros actores como Dick Powell, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliot Gould y James Caan, el más reciente (Poodle Springs, 1998), quienes insuflaron al papel las necesarias dosis de humanidad y hasta cierta ternura.


Además Chandler redactó más de veinte relatos cortos detectivescos –los primeros fueron publicados en las revistas "pulp" Black Mask y Dime Detective– así como un par de ensayos, sobre todo El simple arte de matar, donde nació la expresión "mean streets" ("malas calles"), usada por Martin Scorsese en una de sus primeras películas.


El cine, no obstante, fue siempre objeto de deseo para Chandler, quien colaboró en los guiones de Perdición (1944), de Billy Wilder, y Extraños en un tren (1951), de Alfred Hitchcock, basada en la novela de Patricia Highsmith. El único libreto que redactó por sí mismo fue el de la película The Blue Dahlia (1946), con Alan Ladd y Veronica Lake, por la que fue candidato al Oscar.


Chandler, nacido en Chicago (Illinois) en 1888, se casó en 1924 con Cissy Hurlbut, una mujer 18 años mayor que él con la que había comenzado una relación cinco años antes, cuando ésta estaba casada, y con la que nunca tuvo hijos.Tras la muerte de Cissy en 1954, el novelista emprendió un descenso a los infiernos ahogado en alcohol, que le llevó a varios intentos de suicidio.


Cuando murió en San Diego (California) el 26 de marzo de 1959, a los 70 años, dejó todo su patrimonio –60.000 dólares y los futuros ingresos por derechos de autor– a su amiga y agente literaria, Helga Greene.


En las novelas de Chandler, además de sus personajes, el contexto cobra una gran importancia. Sus personajes se desenvuelven en un hábitat que el escritor conocía muy bien: Los Angeles, una ciudad tan brillante en su exterior como vacía en su interior, según la novelista Judith Freeman, autora de El largo abrazo: Raymond Chandler y las mujeres que amó.


En ese libro Freeman sostiene que Chandler describió a la perfección "la soledad estadounidense", retratada en esa ciudad californiana por "gente abandonada en el paraíso, entre la abundancia y la riqueza extrema", como policías al margen de la ley, médicos drogadictos, matones ingenuos y millonarias con la intención de engrosar, de cualquier forma, su patrimonio. 

martes, 16 de marzo de 2010

Otras novelas sobre distopías

Escribe Gloria B.

Si queréis seguir leyendo sobre este tema de las utopías sociales durante las vacaciones:

El Diario de la criada, de Margaret Atwood, es una narración bastante terrorífica sobre una parte de Norteamérica que queda bajo el poder de un régimen militar y totalitario en el que  las mujeres de las clases dirigentes han quedado estériles. No podéis imaginar lo que hacen para reproducirse. ES un relato bastante escalofriante que hace pensar en lo que es capaz de hacer el ser humano.

Leí que se acaba de publicar una novela titulada Los muertos, de Jorge Carrión. Trata sobre una sociedad futura en la que caen del cielo una serie de replicantes cibernéticos y del lío que se monta. Parece recordar a Blade Runer o a Avatar. Creo que podría estar también en el género de ciencia-ficción, aunque no están muy claros los límites entre éste y el tema de las utopías distópicas. Habría que discutirlo.

Fin de las utopías

Escribe Gloria B.
La sesión del pasado febrero concluyó con la valoración de la última novela del ciclo "utopías sociales", Farenheit 451. Todos estuvimos de acuerdo en señalar las similitudes con las otras lecturas (Un mundo feliz y 1984: la existencia de un estado totalitario, la presencia del protagonista como héroe que se rebela contra el poder y la colaboración de un personaje que instruye y explica al protagonista las razones de tal estado de cosas, y que unas veces lo ayuda a cumplir su objetivo (Farenheit) y otras, no. También coincidimos en el valor profético de las tres novelas respecto a los derroteros que ha tomado la historia. Aunque la más esperanzada es la última, ya que Bradbury deja abierta una puerta a la salvación de la sociedad, aunque algunos pensamos que eso aún no ha sucedido. En cuanto al estilo, concluimos que Farenheit es la que más desorienta al lector por su lenguaje pseudopoético, que crea ambigüedad en el significado de algunos párrafos, y por algunas incoherencias en la estructura narrativa: hay personajes cuyas acciones no se explican (el intento de suicidio de la esposa del protagonista) o esos porches que aparecen y desaparecen, amén de la misteriosa guerra que nadie entiende. En suma, el ciclo ha resultado interesante y ha habido opiniones para todos los gustos. A unos les ha gustado más Un mundo feliz y a otros, 1984. Normal.

Ahora afrontamos el ciclo de NOVELA NEGRA con El sueño eterno de Raymond Chandler, que debatiremos en la reunión del 30 de marzo. Hasta entonces.

Autor,narrador, obra

EL AUTOR, EL NARRADOR Y EL RELATO


En la última sesión se plantearon varias cuestiones sobre la función y clases de narrador en el relato, y sobre el papel y clases de diálogo. Hoy vamos a acercarnos a estos conceptos y a aprender a tenerlos presentes cuando leamos una novela o un cuento. Como en el caso del resto de elementos que aparecen en un relato (personajes, espacio, tiempo...) su conocimiento es un medio, no un fin en sí mismo, que puede ser más o menos relevante respecto a la interpretación o juicio que hacemos sobre el libro que leemos. Lo importante es usar estos conocimientos para comprender mejor la historia imaginada por el autor y acercarnos lo más posible al mensaje que intenta transmitirnos y a la intención y objetivo que le han impulsado a escribir esa historia de esa manera.

EL AUTOR imagina

A veces, la distinción entre estos conceptos no está clara. Para explicarla permitidme la licencia de utilizar una metáfora: Imaginemos que la novela o cuento que leemos es un tapiz en 3D, y que va surgiendo de un telar a medida que vamos leyendo. Eso no es difícil porque es lo que aparece en nuestra mente, el universo que vamos imaginando a medida que leemos. Pues bien, el autor es el que ha imaginado ese mundo, esa ficción que va apareciendo ante nuestros ojos y poco a poco nos va seduciendo con sus paisajes y paisanajes. El autor es el diseñador de tal milagro narrativo. Es el que imagina y firma la obra. Nadie duda de quién es el autor de El Quijote, pero en esa obra hay muchas narraciones y muchos narradores ¿Cómo es eso?
El autor está o ha estado en su despacho imaginando y escribiendo, pero ¿quién nos cuenta la historia? ¿Quién se la presenta al lector?

EL NARRADOR presenta y manipula

Sigamos imaginando ese tapiz que va apareciendo lentamente ante nuestros ojos. Alguien tiene que colocar los hilos y anudarlos sobre la trama, de acuerdo con un plan previo, un dibujo bien diseñado. Esas manos que van tejiendo colores y dibujando formas pertenecen al narrador, al que quizá no vemos, pero intuimos que esta ahí controlando que el trabajo se haga bien. Es como si el autor cediera su voz a otro para que ese otro cuente la historia y además pueda hacerlo de varias maneras porque existen diversos tipos de narradores, variedad que responde a diferentes preguntas:

1. ¿Dónde está el narrador? ¿fuera o dentro del tapiz, de la historia?
2. ¿Con qué actitud cuenta la historia? ¿indiferente? ¿apasionado? ¿mitad y mitad?
3. ¿A quién se la cuenta? ¿a un lector lejano y genérico? ¿a un lector cercano, individual?

No olvidemos que los recursos con los que se materializa la historia narrada pertenecen al lenguaje, ese otro instrumento milagroso que permite dar salida a las ideas, volcar lo imaginado invisible al exterior visible. Por eso según el tipo de narrador, éste va dejando huellas lingüísticas en ese tapiz que va tejiendo que es el texto, la obra narrativa, el relato.

LA OBRA, CUENTO O NOVELA
Si seguimos con la imagen del tapiz veremos cómo van dibujándose paisajes naturales o urbanos, interiores o exteriores y se van llenando de color, de luces y sombras; cómo van impregnando nuestros sentidos haciéndonos llegar olores, sabores, sonidos y texturas. En esos espacios vemos a los personajes vivir sus existencias, heroicas o mediocres, con serenidad o pasión, con aburrimiento o melancolía. Y a medida que el tapiz avanza y se van rellenado los huecos de la trama, que lo sustenta y ordena para hacer posible el desarrollo del argumento, el tiempo va pasando, lento, rápido e incluso trepidante. Personajes, espacio y tiempo y acción: he ahí los componentes básicos para contar una historia, para tejer el texto, ese mágico tapiz. Cuando acabamos la lectura, percibimos el tapiz acabado, toda una experiencia.



Hasta aquí hemos formulado algunas preguntas sobre las que hablaremos en la reunión del próximo día y sobre las que podemos seguir escribiendo así lo reclamáis en vuestros comentarios, tras las vacaciones. Pues hay mucho que contar, mucho que pensar y decir.

GLORIA BENITO